23 marzo 2013

Recoge la luz del sol con las manos


Cuando cierro los ojos 

Cuando cierro los ojos,
voy de un lado a otro,
animosamente,
con coletas,
y la voz de mi madre me llama.

Nubes blancas se deslizan por el cielo,
un campo de flores de colza
se extiende por todas partes.

Ahora, a los 92 años,
cuán delicioso es el mundo
que veo durante una hora,
cuando cierro los ojos.

Toyo Shibata
Recoge la luz del sol con las manos. 
Ed. Aguilar Primera edición: febrero 2013
Título original: Kujikenaide
La edición original en japonés fue publicada por Asuka Shinsha, Co. Tokyo, en 2010

 (De la contraportada...)

Mi Nombre es Toyo Shibata. Tengo 101 años. A lo largo de mi vida he protagonizado momentos buenos y malos. He sufrido guerras, bombardeos y terremotos. He experimentado el miedo y en ocasiones he deseado morir debido al acoso, a la traición y a la simple tristeza. He sido madre. En la actualidad vivo sola y recibo a menudo la visita de mi hijo. Cuando se acerca la hora de su maracha pierdo el ánimo pero intento reconfortarme y me digo " sé fuerte, aún se puede recoger la luz del sol con las manos". Empecé a componer versos a los 92 años y me he dado cuenta de que a pesar de las dificultades existo gracias a mis recuerdos y a las personas que me han acompañado en este viaje. Aunque me pese la soledad cada mañana me pinto ligeramente los labios y me alegro de ver el sol a través de la ventana, otra vez..., y sonrío.

06 septiembre 2012

My favorite things


De una carta de John Coltrane a Don DeMichael


No hay absolutamente ninguna razón para que nos preocupemos por una falta de filosofía positiva o afirmativa. Forma parte de nosotros. El fraseo, el sonido de esa música lo atestiguan. Es un don natural. Te aseguro que todos estaríamos muertos hace siglos si no fuera el caso. En cuanto a la comunidad, la tierra entera es nuestra comunidad. Mira, para nosotros, crear es bastante fácil. Hemos nacido con ese feeling que simplemente surge, sean cuales sean las condiciones. Si no, ¿cómo habrían podido nuestros padres fundadores producir esa música desde el principio, cuando sin ninguna duda se encontraban (como muchos de nosotros aún hoy) en comunidades hostiles, donde sólo había numerosas razones para el miedo y condenadamente pocas que permitieran confiar.


My favorite things, Conversaciones con John Coltrane
Edición de Michel Delorme. Traducción de Isabel Núñez.
Alpha Decay, 2012

22 enero 2012

Formas de volver a casa (Alejandro Zambra)


Los padres abandonan a los hijos. Los hijos abandonan a los padres. Los padres protegen o desprotegen pero siempre desprotegen. Los hijos se quedan o se van pero siempre se van. Y todo es injusto, sobre todo el rumor de las frases, porque el lenguaje nos gusta y nos confunde, porque en el fondo quisiéramos cantar o por lo menos silbar una melodía, caminar por un lado del escenario silbando una melodía. Queremos ser actores que esperan con paciencia el momento de salir al escenario. Y el público hace rato que se fue. 


Alejandro Zambra.

Formas de volver a casa (Anagrama, 2011)

19 diciembre 2011

LAS MANOS, del poemario Vida Súbita de Adrián Nicolás Penela



En cuanto se nos era concedido
un rato para descansar
nos sentábamos en círculo, en el suelo.
Nos mirábamos las manos:
los pequeños cortes, rozaduras,
callosidades fruto del trabajo.
Cada uno de los surcos
de nuestras preciadas manos.

Y mientras tanto el dueño de la sombra
más alejada del grupo
seguía
seguía
seguía aprendiendo a comer
y a escribir
con los pies.

Vida súbita. Adrián Nicolás Penela. Torremozas, 2011.



02 noviembre 2011

HHhH

En El libro de la risa y el olvido, Kundera deja entender que le da un poco de vergüenza tener que ponerle nombre a sus personajes, y aunque esa vergüenza apenas sea perceptible en sus novelas, en las que abundan los Tomas, las Tamina y muchas Tereza, es obvia la intuición de una evidencia: ¿hay algo más vulgar que atribuir de modo arbitrario, con la pueril intención de lograr un efecto de realidad o, en el mejor de los casos, sencillamente de comodidad, un nombre inventado a un personaje inventado? Aunque, en mi opinión, Kundera debería haber ido más lejos: ¿hay algo más vulgar, en realidad, que un personaje inventado?

Laurent Binet (París, 1972)
De HHhH (Seix Barral, 2011)

01 octubre 2011

fragmento de la novela 'Los ingrávidos'

... cuando releo ahora las notas y poemas que escribía entonces, o cuando recuerdo las conversaciones con los otros jóvenes de mi generación y las ideas que defendíamos con tanto arrojo, me doy cuenta de que más bien me he ido poniendo cada vez más pendejo. Llevo demasiados años dormido, adormilado. No me explico en qué momento se empezó a invertir el proceso que yo creía lineal y ascendente, y que al final resulta ser una especie de búmeran despiadado que regresa y te tumba los dientes, el entusiasmo y los huevos.


Valeria Luiselli
Los ingrávidos
Salto de página, 2011



16 septiembre 2011

El andén de nieve

En un tren de madera siempre puedes encontrarte con un soldado alemán. Y puedes tener que saltar sobre la nieve si has olvidado tu pasaporte. Entonces te hallarías en medio de una Europa en guerra, con el tobillo torcido perdido en un bosque de niebla. Por eso ahora no los hacen así. No sería cómodo para los viajeros.

Desde los tiempos del Union Pacific las compañías ferroviarias se vienen enfrentando a esta clase de prodigios. En secreto, han ido eliminando sin sembrar la alarma aquellos que, tras sesudos estudios en torreones alejados del mundo, se probó que dependían de trivialidades prescindibles. Así, sustituyendo materiales, esquivando poblaciones fantasmas, trastocando continuamente los horarios, bendiciendo las máquinas en el momento de su botadura, cambiando bruscamente la velocidad y hasta el sentido de la marcha se consiguió acabar con los más espectaculares sobreviviendo sólo, muy de tarde en tarde, alguna excepción que confirma la regla de la normalidad de forma y manera que no falta quién, si quiere contarlo, tiene que regresar en barco de su modesto viaje a Leganés. No obstante, después de tantos años, es poco probable, a decir verdad, sufrir a bordo de un tren de nuestros días un ataque comanche o vivir una aventura con los correos del zar. Me lo dijeron con nostalgia.

Frío de Vivir, de Carlos Castán.
Salamandra, 2004.

02 junio 2011

La leyenda de Arturo y Lidia Rágnell (Nacho Moreno)



Iba un día Arturito con su moto a todo trapo por la ciudad, quemando rueda, y no se dio cuenta de que se estaba metiendo en un barrio que no era el suyo. Su montura pisó una charco de aceite frente a la peluquería "Estilo's Unisex peluqueros-barra-as" y Arturito se vio volando por los aires, reflejado en el escaparate.

―Vaya tela ―dijo para sí mismo cuando logró levantarse de un parterre con palmitos secos― Aquí me las van a dar todas together.

En efecto. Aunque no poseía el don de la profecía, Arturo se encontró a la vuelta de la esquina con una banda de punkys con ganas de comer humano vivo. Rodearon al apuesto motero, que ya estaba rezando a la Casa Central de Yamaha, cuando se le acercó el punky más zarrapastroso del grupo. Por los tres kilos de piercings que llevaba el muchacho repartidos entre la cara y los pezones, Arturo dedujo que era el jefe.

―Eh, tú. Yo soy el jefe ―dijo el zarrapastroso, que al parecer era un hombre muy previsible―. Me llamo Moe. Te vamos a asesinar, a violar, a robarte, a torturarte y luego te acabaremos matando.

Arturo no estaba por la labor de corregir la secuencia lógica de alguno de los pasos que había enumerado el Acerico, así que guardó un digno silencio, para que al menos resultara un misterio para todos cuáles habrían sido sus últimas palabras ("todas together", concretamente). Pero, de pronto, el astroso marginal pareció dudar.

―Pero lo mismo te de perdono la vida. Porque te veo como muy enterao, y hay una duda que me roñe los entremeses. Si la resuelves, te escapas. Si no, pues no.
―Venga esa duda, oh, formidable punky ―en dificultades, Arturito se volvía un pelota de mierda.
―El punk ha muerto, imbécil. Nosotros somos New-Modal-Derty-Urban-Underclass. A ver si vas a acabar cobrando.
―No sé cómo he podido cometer semejante error. Pero estábamos hablando de una duda...
―Ah, sí. Los tripis me tienen la bola podrida y pierdo el hilo. Pues la duda que tengo es que quiero saber qué es lo que tienen las chorvis en la mollera. Las titis en la azotea. Las chochis tras el cejamen. Las pechugonas zorronas entre las asas. ¿Te coscas?
―Aunque me cuesta percibir en su totalidad la nous del problema, me parece que volicionas conocer qué es lo que desean las mujeres, así, en general.
―Ahí. Ahí le has dado, tronco. Como sé que es una cosa muy dificilísima, te voy a dar dos días: veintiocho horas. Si no vienes y me dices qué coño quieren las chochis, te vamos a buscar y te matamos a ti, a tu madre y a los seis que tu madre tiene escondidos en el armario, entre los que lo más seguro es de que se encuentre tu padre. Si vienes y me lo dices y yo voy y me lo creo, pues ni te matamos ni nada.
―Trato hecho, oh, muy legal New-Modal... esto... ¿No hay una manera más corta de decirlo?
―Junkers.
―Gracias. Pues eso. Muy legal Junker. Por mi Yamaha ahora en llamas que volveré en el plazo previsto y te traeré una respuesta que se te van a despegar los zurullos de las mallas.
―Fale, tronco. Pero de momento, mejor que dejes la cartera, el peluco y las gafas Ray-Ban, o lo que he dicho no vale ni hostias. ¿Tá claro?
―Diáfano.

Y allá que se fue nuestro héroe hacia su barrio, dentro del que no se sintió mucho más seguro porque os Junkers esos no parecían tener demasiada pinta de saber de geografía urbana. El tema de las fronteras, en concreto, tal vez no era el fuerte de aquellos chicos. Ya no quedaban puntos de referencia en un mundo en el que todo fluía.

Arturito preguntó y le dijeron muchas chorradas. Un buen marido, estabilidad laboral convenientemente remunerada, un currículum irrechazable, un cutis como el de una modelo sueca... Nada de eso parecía ser una respuesta adecuada para Acerico Man, así que pasaban las horas y Arturito se veía ya inmolado.

En esto andaba cuando vio pasar por la calle a la asistenta social que llevaba sus dos casos judiciales abiertos. Lidia Rágnell, que así se llamaba, tenía tres masters en psicología, trabajaba en un bufete de abogados además de desarrollar el trabajo de asistencia social para el Ayuntamiento y tenía una cara de entre choco de trasmallo y culo de burra que no había manera de mirarla de frente si no era en manifiesto contraluz.

―Esta hijaputa lo tiene que saber ―se dijo Arturito―. Señorita Ragnell, Señorita Ragnell. Aproxímeseme un momento. Le quiero efectuar una consulta.
―Ven tú pa cá, motero de mierda ¿Es que no tienes piernas a los lados de la churra, o qué? Míralo. Qué despojo humano. Qué gasto para la sociedad. Carne de cañón. Pasto de las ratas, de las drogas, del desempleo...
―Pues anda que no me alegro yo también de verla ni nada, Señorita Ragnell. Que es que quería hacerle una breve consulta. Un primito mío me ha preguntado que...
―Todos tus primos se han muerto de sida, imbécil. Cuéntamelo todo o te van a dar por saco. Y a pasito ligero, que no estoy en la calle para lucir las moyas.

Completamente vencido, Arturito le contó con pelos y señales su encuentro con los Junkers y la pregunta fatídica que le traía por el camino de la amargura. Lidia Ragnell soltó una carcajada que dibujó tal mueca en su boca que Arturo tardó aún seis meses en olvidarla.

―Yo te lo digo, no te preocupes. Y no dudes de que la que te daré es la respuesta correcta. Pero no te la voy a dar gratis, guiñapo.
―Huy. Mal rollete. ¿Costo? ¿Pastis?
―No, gilipollas. Tu amigo el Percebe.
―¿...? ¿Que se lo dé? Pero si no lo tengo...
―Mira que eres capullo. Lo quiero de amante incondicional.
―Ostia. Qué putada.
―¿Putada por qué?
―No, por nada, porque es muy tímido, nada más.
―Pues esta noche lo quiero con calzoncillos limpios a la salida del bufete, para que me lleve a cenar con su porsche y luego de folleteo a una de las mansiones del hampón de su padre. Allí, en la puerta del bufete, te daré la respuesta, si me traes a tu amigo. Andando, que para luego es tarde. Paso ligero, escoria.

Arturo estaba desolado. El Percebe era un imbécil que se dejaba estafar por sus amigos, pagaba siempre las copas y daba tabaco. Su padre era concejal de urbanismo y le sobraba el dinero por todos lados. Arturo temía que, si le comentaba la condición de Ragnell, el Percebe lo mandaría a la porra y entonces se le acabaría el chollo del gorroneo.

Pero el Percebe, además de imbécil era idiota, y sentía por Arturo una devoción rayana en la homosexualidad desde que éste le dio una palmada en la espalda y le dijo "¿Qué pasa, tío?". Tal muestra de cariño había anegado los ojos del Percebe durante casi una década, y aún le seguía emocionando cuando lo recordaba o veía un anuncio donde un muchacho volvía a casa por Navidad.

―Po vale. Po me la tiro. Po todo sea por un amigo.
―Percebe, tío. Es la Rágnell. ¿Tú te acuerdas de ella?
―Que sí. Que es como un turco estreñido con paperas. Pero por un amigo se hace lo que sea. Qué coño.
―¡Ay, Percebe! ¡No te quiero yo a ti ni na!

Esa noche llegaron Arturito y el Percebe a la puerta del bufete de abogados donde ejercía con notable éxito Lidia Ragnell. En cuanto salió por la puerta, la dama agarró al Percebe de un brazo y le tendió un sobrecito a Arturo.

―Ahí tienes la respuesta. Llévasela al Junker ese. Y tú, Percebe, al Porsche 911. Y ya puedes ir barruntando una erección, o te coso la cara a arañazos. Aire, Arturito.

Arturo llegó al barrio maldito, donde los Junkers estaban jugando en ese momento a beber gasolina y tragar cerillas.

―Aquí traigo la respuesta ―Arturo leyó―: "Las mujeres queremos hacer SIEMPRE lo que nos sale de la vagina. Y tú, Adelio, o te vuelves ahora mismo para casa y recoges tu habitación, o por el cabronazo de tu padre te juro que te tiro todos los vinilos al Canal de Isabel Segunda"
―Ondia ―susurró presa del pánico Moe―. La puta de mi madre.

Acto seguido arrancó de la mano el trozo de papel que llevaba Arturo y se dirigió al resto de su grupo.

―Bueeeno, troncos, creo que (bostezo) Oaaahhh, creo que me de voy a ir a mi queli un rato, pa comer comida de verdá y darle un poco por saco a mis viejos, ya sabéis, sacarles la pasta y las joyas, lo normal. Tú, motero, lárgate, no vuelvas por aquí y no hables con nadie, pero con nadie, nunca jamás en tu vida ¿Vale? ¿VALE?
―Correcto, oh, violentísimo Junker. Ni he leído nada ni sé nada de nada. Sellado queda. Por mi honor.

Míster Chatarra se fue correteando con los pasos cortitos de sus botas militares y, en cuanto se perdió de vista, Arturo le contó a todos los demás Junkers que Adelio (nada de "Moe") tenía una madre más fea que un suplicio medieval, que además era asistente social y abogada. Los días de Adelio entre los Junkers estaban contados. Tal vez lo estuvieran sobre la faz de la tierra, incluso.

Mientras, el Percebe sufría enormemente. Si conducía más lento, el estar en el coche con la Ragnell duraría más. Si conducía más rápido, llegarían antes a la casa y allí... Si conducía mucho más rápido, tal vez se mataran: Esa última opción quizás no fuera tan mala. Estaba a punto de poner a trescientos kilómetros por hora a su coche por la Castellana cuando Lidia Ragnell le dictó una orden taxativa.

―Para aquí.

El Percebe detuvo el coche cuyo poderoso motor ronroneaba como una pantera negra que se ha comido tres docenas de aves del Paraíso.

―Ahora puedo hacerte el hombre más feliz del mundo.
―Ah. ¿Puedo bajarme ya del coche y darme el piro?
―No, cretino. No me calientes los cascos que te meto.
―¿Entonces?
―Puedo ser para ti la mujer más bella. Para siempre.
―Anda. ¿Y cómo?

Lidia Ragnell señaló con un golpe de su gorgónica cabeza al establecimiento a cuyas puertas se había detenido el coche. Era una clínica de la cadena Congregación Dermoplástica.

―¿Traes la visa oro de tu puñetero padre?

A las puertas de la clínica, un médico se fumaba un canuto, obligado por las nuevas leyes ministeriales a pagar su vicio con intermitentes destierros de su lugar de trabajo. Cuando vio que los que eran ocupantes de ese coche millonario descendían del mismo y se dirigían a su cínica, se le cayó la toba de los labios. Cuando, al acercarse más, vio la cara de la Ragnell, sintió un calor imparable subiendo desde el esternón a la garganta. Algo parecido a la felicidad, tal vez.

La orden que inmovilizaba las cuentas del concejal de urbanismo llegó a la mañana siguiente, es decir, felizmente tarde para Lidia Ragnell y nuestro valiente Percebe. El fiscal general del estado no dio más importancia a los setenta y dos mil euros recién egresados de la cuenta, una insignificancia comparada con los muchos otros miles que el concejal se había gastado en Tailandia en los últimos meses.

Lidia Ragnell, bellísima, con un cuerpo perfecto y voluptuoso, sin varices ni bigotes, amó eternamente al Percebe hasta que a éste se le acabó el crédito en el banco, evento inevitable al no recibir más subsidios de parte de su encarcelado padre. Es decir, que Lidia Ragnell amó eternamente al Percebe durante quince días. Después, haciendo buena la respuesta que Arturito le había llevado a los Junkers, le dio una patada en el culo al pobre idiota, se divorció de su marido y logró que le concedieran a él la custodia de su hijo Adelio, que tuvo que vender uno a uno sus piercings para tener un platito que llevarse a la boca.

Arturo no quiso volver a hablar del asunto. Cuando alguien le comentaba algo al respecto se salía siempre por la tangente con una elegancia regia.

26 abril 2011

"Los días van tan rápidos" y "El sol es la única semilla"

...
"Los días van tan rápidos"
...
Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones]
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

...
Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.
...
Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo
allá en el fondo.
...
Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.
...
Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.
...
...
"El sol es la única semilla"
...
I
...
Vivo en la realidad.
Duermo en la realidad.
Muero en la realidad.
...
Yo soy la realidad.
Tú eres la realidad.
Pero el sol
es la única semilla.
...
II
...
¿Qué eres tú? ¿Qué soy yo
sino un cuerpo prestado
que hace sombra?
...
La sombra es lo que el cuerpo
deja de su memoria.
...
Yo tuve padre y madre:
relámpago en la arteria
una vez cada nunca.
...
Mi rostro no es su rostro
sino, acaso, la sombra,
la mezcla de esos rostros.
...
III
...
Tú haces el bien o el mal:
Tú eres causa de un hecho.
Pero: ¿eres tú tu causa?
...
Te dan lo que te piden.
Piden lo que te dan.
Total: entras y sales.
...
Dejas tu pobre sombra
como un nombre cualquiera
escrito en la muralla.
...
Peleas. Duermes. Comes.
Engendras. Envejeces.
Pasas al otro día.
...
IV
...
Los demás también mueren
como tú, gota a gota,
hasta que el mar se llena.
...
¿Has pensado en el aire
que ese mar desaloja?
...
Tú y yo somos dos tablas
que alguien cortó en el bosque
a un árbol milenario.
...
Pero, ¿quién plantó ese árbol
para que de él saliéramos
y en él nos encerráramos?
...
V
...
A ti no te conozco,
pero tú estabas en mí
porque me vas buscando.
...
Tú te buscas en mí.
Yo escribo para ti.
Es mi trabajo.
...
Vivo en la realidad.
Duermo en la realidad.
Muero en la realidad.
...
Yo soy la realidad.
Tú eres la realidad.
Pero el sol
es la única semilla.
...
Gonzalo Rojas, Concierto. Antología poética (1935-2003), Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2004, pp. 149-153. Selección y prólogo de Nicanor Vélez.
...

14 marzo 2011

Union Atlantic, de Adam Haslett

Se había acostumbrado a estar sola. Su alma seguía viva gracias a los saltos incandescentes procurados por ciertos intervalos sagrados y fútiles: el ritmo y la melodía de unas palabras en una página, una sonata que transformaba el tiempo en un sentimiento, un paisaje en un lienzo captado de tal manera que brindaba un breve alivio frente al miedo de la neutralidad absoluta. Todo aquello era lo que sustentaba su fe en el mundo. Lo que los utilitaristas y los materialistas y los devoradores de ese cientifismo barato jamás comprenderían: que la privilegiada experiencia de pasear a la orilla de un río, en compañía de la naturaleza, no sólo se debía a una esencia propia de lo natural, sino también a las ideas recibidas a través de la poesía y la pintura, del canto llano protestante o la exuberancia romántica. Uno paseaba dentro del cuadro. Uno veía a través del poema. La imaginación también creaba la experiencia, no sólo la materia.

Union Atlantic, de Adam Haslett.
Salamandra, 2010.
Traducción de Ismael Attrache Sánchez.

26 noviembre 2010

El último encuentro (fragmentos)

Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. No importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final, al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida: a las preguntas que el mundo le ha hecho una y otra vez. ¿Quién eres?¿Qué has querido de verdad?¿Qué has sabido de verdad?¿A qué has sido fiel o infiel?¿Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía? Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo: eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.

* * *


Son muy pocas las personas cuyas palabras concuerdan con su existencia. La gente acaba aprendiendo la verdad, adquiere experiencias, pero todo ello no sirve de nada, puesto que nadie puede cambiar de carácter. Quizá no se pueda hacer nada más que esto en la vida: adaptar a la realidad, con inteligencia y con atención, esa otra realidad irrevocable, el carácter personal. Y sin embargo, así tampoco seremos más sabios, ni estaremos más resguardados frente a las adversidades.

* * *

Quien sobrevive a algo no tiene derecho a levantar ninguna acusación. Quien sobrevive ha ganado su propio juicio, no tiene ningún derecho ni ninguna razón para levantar acusación alguna: ha sido el más fuerte, el más astuto, el más agresivo.


* * *


Ya no quedaba más que la espera y la venganza, y ahora que ha llegado el momento de la venganza y que la espera ha terminado, me doy cuenta con sorpresa de lo insignificante y vulgar que resulta todo lo que nos podemos contar, confesar o mentir: uno no puede sino aceptar la realidad. Yo ya he aceptado la realidad. Y el fuego purificador del tiempo ha extraído de mis recuerdos toda ira.


El último encuentro. Sándor Márai
Traducción de Judit Xantus Szarvas
Salamandra, 1999.

23 septiembre 2010

Raíz de rocío

Ahora soy menos yo
y los sueños
que he soñado tener
han despertado en otro lecho

Ojalá ocurriera
aquella muerte
de la que no se muere
y otro fruto
me ofreciera savia ascendente
porque he perdido la audacia
de mi propio destino
de desatado el ansia
de mi propio delirio
y ahora siento
todo lo que los otros sienten
sufro lo que no sufren
anochezco en su lejanía
y viviendo la vida
que de ellos ha desertado
ofrezco el mar
que en mí se abre
al viaje mil veces aplazado

De cuando en cuando
me pierdo
en la búsqueda de la raíz de rocío
y si conmigo discrepo
ha sido porque de todos los hombres
se han convertido todas las cosas
como si fueran
el eco de las manos
la casa de los gestos
como si todas las cosas
me contemplaran
con los ojos de todos los hombres

Así me asomo
a la ventana del poema
elijo mi propia tiniebla
y me permito escuchar
la leve respiración de los objetos
sepultados en silencio
e invento lo que escribo
escribo para inventarme
y todo me adormece
porque todo despierta
la secreta voz de la infancia

Me aman demasiado
las cosas que recuerdo
y me entrego
como si me negara
a la somnolienta caricia
del cuerpo que hago nacer
de los versos
a los que libremente me condeno

Agosto de 1982.

Mia Couto
(Beira, Mozambique, 1955)

De Raíz de rocío (Raiz de orvalho)
Publicado por CEDMA, 2009
Traducción de José Ángel Cilleruelo



16 julio 2010

CXVI


Un viaje a Citera*

Como un pájaro, alegre, mi feliz corazón
libremente volaba entre todo el cordaje;
y bogaba el navío bajo un cielo sin nubes,
como un ángel que el sol más radiante ha embriagado.

¿Y esta isla tan triste y tan negra? -Es Citera,
según dicen, famosa porque está en las canciones,
Eldorado trivial de quien no se ha casado.
Contempladla y veréis que es en todo vulgar.

-¡La de dulces secretos y de fiestas galantes!
El soberbio fantasma de la Venus antigua
flota como un perfume por encima del mar
y nos hace sentir languideces y amores.

Isla bella de mirtos verdes, llena de flores,
venerada por gentes de lugares remotos,
donde se oyen suspiros de los pechos extáticos
como incienso que envuelve los jardines de rosas.

o perennes arrullos de palomas torcaces.
-Era sólo Citera un lugar desolado,
un desierto que turban destemplados chillidos.
Entreveo, no obstante, algo que es singular.

No era un templo escondido entre sombras boscosas,
cuya sacerdotisa, de las flores prendada,
con el cuerpo abrasado por secretos ardores,
entreabría su túnica a las brisas fugaces;

pero cuando la nave empezó a costear
asustando a los pájaros con su blanco velamen,
vimos que era una horca con tres palos, del cielo
destacándose en negro, como un negro ciprés.

Ferocísimas aves no soltaban su presa,
devorando rabiosas a un ahorcado de días,
y con picos inmundos se cebaban hurgando
los pedazos sangrientos de la horrible carroña;

eran huecos los ojos y del vientre rasgado
le colgaban las tripas por encima del muslo;
sus verdugos, ahítos de espantosas delicias,
con sus picos le habían totalmente castrado.

A sus pies, una turba de envidiosos cuadrúpedos,
levantando el hocico, daba vueltas en torno;
y en el centro una bestia aún mayor se agitaba,
como un fiero verdugo que dirige a sicarios.

Morador de Citera, bajo un cielo tan bello
en silencio sufrías todas esas injurias,
expiando tus cultos más infames, pecados
que te vedan por siempre descansar en la tumba.

¡Oh, ridículo ahorcado, tus dolores son míos!
Yo sentí al ver tus miembros que se hacían jirones
subir hasta mi boca una especie de arcada,
largo río de hiel de dolores antiguos;

ante ti, pobre diablo, de tan caro recuerdo,
sentí todos los picos y los dientes agudos
de los cuervos voraces, de las negras panteras
que antes tanto gustaron de morder en mi carne.

-Era hermoso aquel cielo, un espejo era el mar;
pero ya para mí noche y sangre era todo,
y sentía aquel símbolo, como espeso sudario,
que como una mortaja envolvía mi pecho.

Venus, sólo he encontrado en Citera un cadalso
a manera de emblema, con mi imagen colgada...
¡Ah, Señor! ¡Concédeme el valor de mirar
sin hastío mi cuerpo y el fatal corazón!


* Isla griega, entre el Peloponeso y Creta, con un famoso santuario a la diosa Afrodita. En lenguaje poético es la patria alegórica de los amores.

Charles Baudelaire, Las flores del mal, introducción, traducción en verso y notas de Carlos Pujol, Planeta, Barcelona, 1991, pp. 167-168.

02 junio 2010

Los almendros en flor



A Jaime Cussac y Gema García

Han irrumpido en medio de febrero
con su fiera blancura extemporánea,
y se han apoderado de la vida.
Han puesto cerco a mi emoción,
dolientes.

La flor de los almendros es un fruto
superior al fruto.
Es un país
de mórbidas fronteras insondables.
Empujan -quién lo entiende- hacia qué adentros
de nuestro yo recóndito.
Con su deflagración de levedad
me han arruinado,
en embriaguez, el día.

Su ley de asociaciones me conduce
a aquel instante en el Van Gogh Museum,
frente a la rama en flor de los almendros.

¿De qué dan testimonio nuestras lágrimas?
¿Qué acaba de morir cuando se vierten?
¿Por quién llora, atestado, nuestro llanto?

Esta mañana viene encinta de temores,
grávida de sus hondas certidumbres.

Sólo cuando nos duele es la belleza.
La belleza es verdad sólo si duele.


* Carlos Marzal, Ánima mía, Colección dirigida por Antoni Marí, Tusquets editores: Nuevos textos sagrados, Barcelona, 2009, p. 24-25.

30 mayo 2010

Juan Yanes me enreda

A Gemma


Enredados.- Pertenezco a un red de redes que utiliza modelos rizomáticos deleuzianos para interactuar virtualmente con un entramado de nódulos sociales, los cuales, a su vez, están insertos en una retícula que se expande sobre una malla de relaciones que tiende a +/- infinito y que promueve la transferencia del conocimiento y la comunicación en un proceso de construcción colectiva. O sea, estoy más solo que la una.

Juan Yanes, http://eloscuroborde.wordpress.com/

17 mayo 2010

Mi encuentro con Felisberto

(Para Nano)


Yo nunca tuve mucha confianza en mi cuerpo, ni siquiera mucho conocimiento de él. Mantenía con él algunas relaciones que tan pronto eran claras u oscuras; pero siempre con intermitencias que se manifestaban en largos olvidos o en atenciones súbitas. Lo conocían más los de mi familia. En casa lo habían criado como a un animalito, le tenían cariño y lo trataban con solicitud. Y cuando yo emprendía un viaje me encargaban que lo cuidara. Al principio yo iba con él como con un inocente y me era desagradable tener que hacerme responsable de su cuidado. Pero pronto me distraía y era feliz. En mi casa podía estar distraído mucho tiempo: ellos me cuidaban el cuerpo y yo podía enfrentarme a lo que me llegaba a los ojos: los ojos eran como una pequeña pantalla movible que caprichosamente recibía cualquier proyección del mundo. Y también podía entregarme a lo que me venía a la cabeza, que también eran recuerdos de los ojos o inventos de ellos. Esto lo podía hacer hasta cuando caminaba, porque si me dirigía adonde no debía, en mi casa se ponían delante o abrían los brazos y mi cuerpo se daba vuelta y se iba para otro lado. Estando lejos de mi casa mi cuerpo podía tirarse a un abismo y yo irme con él: lo he sentido siempre vivir bajo mis pensamientos. A veces mis pensamientos están reunidos en algún lugar de mi cabeza y deliberan a puertas cerradas: es entonces cuando se olvidan del cuerpo. A veces el cuerpo es prudente con ellos y nos los interrumpe: se limita a mandar noticias de su existencia cuando está cansado, cuando está triste o cuando le duele algo. Yo no sé quién lleva estas noticias ni qué caminos ha tomado para llegar a la cabeza. El recién llegado llama suavemente, empuja la puerta donde los pensamientos están reunidos, e inmediatamente el que va se transforma en otro pensamiento: este se entiende con los demás y da la noticia: allá lejos, en un pie, una uña está encarnada. Al principio los otros pensamientos no hacen caso al recién llegado, le dicen que espere un momento y hasta se enojan con él; pero el recién llegado insiste, y los otros tienen que suspender la reunión de mala gana y hacer otra cosa: tienen que volverse otros pensamientos y preocuparse del cuerpo. El cuerpo, a su vez, tiene que molestar a todas las demás regiones; entonces todo el cuerpo se levanta, va rengueando a calentar agua, la pone en una palangana y por último mete adentro la uña encarnada. Después vuelven los pensamientos a ser otros, a ser los que estaban reunidos a puerta cerrada y se olvidan del cuerpo y de la uña que ha quedado dentro de la palangana.

Felisberto Hernández (Montevideo, Uruguay, 1902-1964)
Extracto del cuento "Tierras de la memoria", recogido en este caso en Cuentos reunidos, editorial Eterna Cadencia, 2009.

05 mayo 2010

Alberto Manguel y la invisibilidad

«Cocteau en su diario: "Me parece que la invisibilidad es la condición esencial de la elegancia".

Jueves

Al final, dice Chateaubriand, nada perece: "Mi fidelidad a la memoria de mis antiguos amigos debería dar confianza a los amigos que me quedan: para mí, nada desciende a la tumba; todo lo que he conocido vive en torno a mí: según la doctrina india, la muerte, al tocarnos, no nos destruye, solo nos vuelve invisibles".»

Alberto Manguel, Diario de lecturas, Alianza Editorial, 2004; título original, A Reading Diary; traducción de José Luis López Muñoz.

17 abril 2010

Cartas

A Josefina Manresa

(Carta 227)

Penal de Ocaña, 27 de febrero de 1941

Mi querida esposa: Magdalenas, pan de higo, carta y fotografía están conmigo, lo que puedes estar, que lo demás se ha ido por donde se habría de ir. Las magdalenas, superiores, y los roscos, me recuerdan a aquel pan que hacías cuando nos juntábamos en la otra casa. La fotografía, aunque es mala, no la rompo. Con ella me hago idea de cómo estáis mi hijo y tú. Se ve muy bien que Manolillo está fuerte y hermoso y alto. Tiene una cabeza muy bonita, redonda, con tus ojos y tu boca, y tus orejas, y sigue pareciéndose menos en la forma de la cara, que es mía. Me gusta, me alegra verte así, veo que le cuidas y, en cambio, tú te descuidas por completo. A ti te encuentro bastante cambiada, Josefina. Se te ha ido aquella expresión de chiquilla que tenías y se nota en todos tus rasgos un gesto de mujer madura. Estos años últimos te han hecho mujer a fuerza de combatirte. Además, estás más delgada. Hay que reponerse, hija. Supongo ya no podrás llevar en brazos a ese cachalote de niño, que pesará ya más de 15 kilos. Y si no te repones llegará pronto el día en el que haya él de llevarte a ti, si yo no voy antes. Nena, no creo marche tu negocio de harinas tan bien que permita enviar con frecuencia paquetes como los dos que me has enviado. Faltan hacen, pero más a ti que a mí. Si Vergara te hubiera enviado el dinero, menos mal. Pero con tan poca cosa como son 25 duros y lo que tú ganas, que no será mucho, no debes enviarme nada. Y mira, nena, que te lo digo con todo el dolor de mi cucharón, porque las magdalenas me han gustado, pero los roscos más. Además, las magdalenas son artículo de lujo para estos tiempos y el estómago, cuando se le da un bocado fino, protesta, sobre todo cuando está acostumbrado a la zanahoria y la berza cocidas. Cuando recibas otra vez dinero de Madrid, me harás otra vez roscos, pero pruébalos y manda uno a medio comer por mi niño y por ti. Y me gustará más que los otros. Sabrás he escrito a Vicente y también le digo que la solicitud está en el Consejo Superior de Justicia Militar. Ya te he dicho que los juguetes los llevará la tía. De salir no hablemos por ahora. Tengo esperanzas, las de todos y algunas más, pero nada concreto. Ya te diré cuando sepa algo, Josefina. De diversiones anda esto mal. Los libros son la única diversión posible. Y los libros me aburren a ratos. No espero divertirme más que cuando estemos mi hijo, tú y yo juntos. Me distraigo fumando cuando tengo tabaco y paseando por el patio con los compañeros cuando hace buen tiempo, que no lo hace nunca. El pelo, que me ha crecido un poco, voy a seguir dejándole crecer hasta ver si vienes esta primavera. Si no, ya sabes: al rape otra vez. Hasta que no agote todas las posibilidades que encuentre para que vengas a Madrid, no me doy por vencido, Josefina. Os abraza y quiere FernandoJosefina Manolillo, JosefinaMiguel y MIGUEL.




Última carta de Miguel Hernández desde el Reformatorio de adultos de Alicante (sin fecha)



Miguel Hernández
OBRAS COMPLETAS
Poesía/Prosa/Teatro/Correspondencia
Edición de 2010. Espasa
Año del centenario de su nacimiento.

08 marzo 2010

La Universidad Desconocida

MI CARRERA LITERARIA

Rechazos de Anagrama, Grijalbo, Planeta, con toda seguridad
también Alfaguara, Mondadori. Un no de Muchnik,
Seix Barral, Destino... Todas las editoriales... Todos los lectores...
Todos los gerentes de ventas...
Bajo el puente, mientras llueve, una oportunidad de oro
para verme a mí mismo:
como una culebra en el Polo Norte, pero escribiendo.
Escribiendo poesía en el país de los imbéciles.
Escribiendo con mi hijo en las rodillas.
Escribiendo hasta que cae la noche
con un estruendo de los mil demonios.
Los demonios que han de llevarme al infierno,
pero escribiendo.

Octubre de 1990

*****


Esperas que desaparezca la angustia
Mientras llueve sobre la extraña carretera
En donde te encuentras

Lluvia: sólo espero
Que desaparezca la angustia
Estoy poniéndolo todo de mi parte


La Universidad Desconocida, Roberto Bolaño, Anagrama.

10 febrero 2010

Bienvenido, Bob


Cuando volví a verlo, cuando iniciamos esta segunda amistad que espero no terminará ya nunca, dejé de pensar en toda forma de ataque. Quedó resuelto que no le hablaría jamás de Inés ni del pasado y que, en silencio, yo mantendría todo aquello viviente dentro de mí. Nada más que esto hago, casi todas las tardes, frente a Roberto y las caras familiares del café. Mi odio se conservará cálido y nuevo mientras pueda seguir viviendo y escuchando a Roberto; nadie sabe de mi venganza, pero la vivo, gozosa y enfurecida, un día y otro. Hablo con él, sonrío, fumo, tomo café. Todo el tiempo pensando en Bob, en su pureza, su fe, en la audacia de sus pasados sueños. Pensando en el Bob que amaba la música, en el Bob que planeaba ennoblecer la vida de los hombres construyendo una ciudad de enceguecedora belleza para cinco millones de habitantes, a lo largo de la costa del río; el Bob que no podía mentir nunca; el Bob que proclamaba la lucha de los jóvenes contra los viejos, el Bob dueño del futuro y del mundo. Pensando minucioso y plácido en todo eso frente al hombre de dedos sucios de tabaco llamado Roberto, que lleva una vida grotesca, trabajando en cualquier hedionda oficina, casado con una mujer a quien nombra "mi señora"; el hombre que se pasa estos largos domingos hundido en el asiento del café, examinando diarios y jugando a las carreras por teléfono.

Nadie amó a mujer alguna con la fuerza con que yo amo su ruindad, su definitiva manera de estar hundido en la sucia vida de los hombres. Nadie se arrobó de amor como yo lo hago ante sus fugaces sobresaltos, los proyectos sin convicción que un destruido y lejano Bob le dicta algunas veces y que sólo sirven para que mida con exactitud hasta donde está emporcado para siempre.

No sé si nunca en el pasado he dado la bienvenida a Inés con tanta alegría y amor como diariamente le doy la bienvenida a Bob al tenebroso y maloliente mundo de los adultos. Es todavía un recién llegado y de vez en cuando sufre sus crisis de nostalgia. Lo he visto lloroso y borracho, insultándose y jurando el inminente regreso a los días de Bob. Puedo asegurar que entonces mi corazón desborda de amor y se hace sensible y cariñoso como el de una madre. En el fondo sé que no se irá nunca porque no tiene sitio donde ir; pero me hago delicado y paciente y trato de conformarlo. Como ese puñado de tierra natal, o esas fotografías de calles y monumentos, o las canciones que gustan traer consigo los inmigrantes, voy construyendo para él planes, creencias y mañanas distintos que tienen luz y el sabor del país de juventud de donde él llegó hace un tiempo. Y él acepta; protesta siempre para que yo redoble mis promesas, pero termina por decir que sí, acaba por muequear una sonrisa creyendo que algún día habrá de regresar al mundo de las horas de Bob y queda en paz en medio de sus treinta años, moviéndose sin disgusto ni tropiezo entre los cadáveres pavorosos de las antiguas ambiciones, las formas repulsivas de los sueños que se fueron gastando bajo la presión distraída y constante de tantos miles de pies inevitables.

Bienvenido, Bob. Juan Carlos Onetti.