17 abril 2009

Deseando morir

Ya que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.

Aun entonces no tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que pusiste bajo el sol.

Pero los suicidas tienen un lenguaje especial.
Como los carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

Dos veces me afirmé con sencillez,
poseí al enemigo, devoré al enemigo,
incorporé su destreza, su magia.

De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
descansé, babeando por el agujero de mi boca.

No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya traicionaron el cuerpo.

Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados no olvidan una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
eso sólo se convierte en una pasión.
La muerte es un hueso triste, golpeado dirías,

y sin embargo ella me espera, año tras año,
para reparar con delicadeza una vieja herida,
para liberar mi aliento de su prisión maligna.

Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto, una luna inflada,
dejando el pan que confundieron con un beso
dejando la página del libro abierto con descuido
algo sin decir, el teléfono descolgado
y el amor, o lo que haya sido, una infección.




3 de febrero de 1964
(diez años antes de su propio suicidio)


El asesino y otros poemas, Anne Sexton
Ed. Icaria

Wanting to die

Since you ask, most days I cannot remember/ I walk in my clothing, unmarked by that voyage./ Then the almost unnameable lust returns.// Even then I have nothing against life./ I know well the grass blades you mention,/ the furniture you have placed under the sun.// But suicides have a special language./ Like carpenters they want to know which tools./ They never ask why build.// Twice I have so simply declared myself,/ have possessed the enemy eaten the enemy,/ have taken on his craft, his magic.// In this way, heavy and thoughtful,/ warmer than oil or water,/ I have rested, drooling at the mouth-hole.// I did not think of my body at needle point./ Even the cornea and the leftover urine were gone./ Suicides have already betrayed the body.// Still-born, they don't always die,/ but dazzled, they can't forget a drug so sweet/ that even children would look on an smile.// To thrust all that life under your tongue!/ that, all by itself, becomes a passion./ Death's a sad bone; bruised, you´d say,// and yet she waits for me, year after year,/ to so delicately undo an old wound,/ to empty my breath from its bad prison.// Balanced there, suicides sometimes meet,/ raging at the fruit, a pumped-up moon,/ leaving the bread they mistook for a kiss,/leaving the page of the book carelessly open,/ something unsaid, the phone off the hook/ and the love, whatever it was, an infection.

11 comentarios:

aroa dijo...

Para masticar despacito:

Esta poeta estadounidense nació en Massachusets en 1928. Casada a los 19 años y después de haber nacido su primera hija en 1953, ingresó en un hospital psiquiátrico para reponerse de un intento de suicidio. Fue su médico quien la apoyó para que desarrollara el interés en la poesía que había mostrado en la escuela secundaria. Condujo su carrera inmersa en un contexto de desórdenes mentales que eludieron cualquier diagnóstico, pasando por repetidas hospitalizaciones en clínicas mentales. En 1957 conoció a la también poetisa Silvia Plath, y a partir de entonces sus vidas se unieron en una relación que lindaba la identificación mutua y la rivalidad poética.

kika... dijo...

la antología de vitruvio, si no me equivoco, es de lo primero que se ha traducido de ella (a mí me gusta mucho)...


besos
K

Magapola dijo...

Quién dice estar libre...

aroa dijo...

No, no es la antología de Vitruvio, es que no me alcanzaron las moneditas y me compré uno más corto... eso, en Icaria

Tiene uno que se llama Aborto... grande.

A mí las poetas estas tan 'así', la neta, me cansan un poquín, pero a la vez me ponen los pelos de punta y esta mujer lleva enredada en mi bolso pa'rriba pa'bajo más de un mes.

Inagotable cada lectura del mismo poema.

Lara dijo...

yo tampoco fui nunca lectora de mujeres que luego tal y tal, en general nunca fui muy lectora de mujeres, pero desde hace un tiempo me interesan mucho, no sé por qué, encuentro en ellas cosas que comprendo y también cosas que no comprenderé nunca

a ésta la tengo fichada, igual que a su amiga-rival

pero aún no fui a por los libritos

gracias por el adelanto

Xavie dijo...

Perdón,
¿Es esto un club femenino? ¿Podría decir algo? :-P

A mí la gente que se acaba suicidando, en general, no me provoca ninguna envidia. Ni las poetas. Si el precio de la creación es la infelicidad, que no cuenten conmigo, qué le vamos a hacer. ;-)

(aunque tal vez sea así, quién lo sabe)

Besos,
X.

aroa dijo...

yo siempre he dicho que me seducen más los poetas vividores

pero

a qué negar que la infelicidad da pa más?

NáN dijo...

No lo podemos remediar. EL final abrupto pone un sello de verosimilitud a lo escrito.

Pero no tiene por qué ser el suicidio. Basta un gesto. Una no aceptación.

Algo que nos haga dar el paso de la verosimilitud a la verdad.

Creo que este poema, aunque tenga "suicidas" en el primer verso, habla de la valentía de dejar que lo se sabe hay que dejar. Sin contemplaciones.

Y por tanto me enseña. Aunque todavía no me haya comprado una pistola para pegarme un tiro. (Ni ganas que tengo).

Lara dijo...

Pues yo creo que el hecho de que se hayan suicidado es algo "secundario".
O sea, Faulkner bebía hasta caer al suelo.
Santa Teresa de Jesús flipaba con los ángeles.
En fin, la condición y la circunstancia vitales son coyunturales, un añadido, un dato, pero secundario, en mi opinión.
La obra está antes que la vida para el lector. No para el autor, claro (o no sé).
Yo recuerdo que en muchos momentos me han echado atrás las obsesiones con la muerte (Pizarnik, por ejemplo), el hecho de saber que esa obsesión o ese desarraigo las llevó o los llevó al suicidio es como una condición, pero no un efecto literario.
No sé si me estoy explicando.
Vamos, que si leo a Virginia Woolf, no es porque se ahogara en un río.
Si me meto con su obra y su vida y las estudio y las analizo y las disfruto, me ayuda para entenderla saber que se ahogó en un río igual que me ayuda saber que manejó el análisis de la conciencia como pocos.
Paro ya porque se me está yendo la pinza.

Un abrazo!!!

aroa dijo...

Es secundario pero
si tomamos la cantidad de poetas (una minimez o no tan minimez) y pensamos en todos los que son infelices, intensos, trastornados y con final abrupto... quedan muy poquitos en el otro lado. Hay por ahí hasta una antología de suicidas. Le encargaré al de la cama sin hacer una estadística.
¿Es qué es más intenso lo malo, lo turbio, nos agarra más las tripas que lo bello? Que todos sabemos comprender los poemas del dolor y los alegres es como: psss... está un poco ñoño.
Me voy a clase, que pensar teorías en pijama está feo.

aroa dijo...

he puesto el poema completo
como azucarillo a tanto comentario