01 noviembre 2009

cibercafé

En la mesa de al lado dos chicas se acarician con una pluma. En las plantaciones de té del valle de Mekong amanecieron muertas las mariposas. Pero la vida tiene esta mañana el aroma de las flores que resucitan. No sé si aman, el deseo es una novela contada por teléfono. Son como un violín en su estuche. Acarician sus corazones de oca, se convidan a brevajes de luna. Entrarán en la noche como tinta albina que fluye de las estilográficas. Ninguna tempestad podría alejarlas de la preferida bahía. Vuelan a su colisión generosa de música, rozan sus codos de oro en las orillas que fecunda el poleo. Me roza la belleza de uva de sus ojos mojados por el dios generoso. En la mesa de al lado dos chicas se acarician con una pluma. Ahora son las dos, las tres, las miro. El amanecer desabrocha los deltas de sus ríos violetas. Voy a escribirte un e-mail contándote para qué sirven los picos de las palomas.
Juan Carlos Mestre, La casa roja
Calambur Poesía. Madrid, 2008

4 comentarios:

Aroa dijo...

Este libro recibió el Premio Nacional de Poesía. Justamente, añado yo.

NáN dijo...

¿Por qué, de pronto, las Playas de Siberia han estallado de cosas útiles, necesarias, hermosas?

Con poemas así, Mestre se merece ese premio. Hacía tiempo que su modo de ver lo diferenciaba.

Gracias, Aroa, por traer un poema tan tierno.

Miguel Marqués dijo...

Ternura, sentidos y ganas de mandar un e-mail son las palabras.

Se ve que estas playas atraen a más gente guapa con el otoño :)

Lara dijo...

sí y sí