02 febrero 2007

Juan Fernández, protagonista de esta historia, era un doctor joven, de veintiocho años, serio, estudioso, no exento de talento, pero harto pesimista y con ribetes de misántropo. Huérfano y sin parientes, vivía concentrado y huraño en compañía de una antigua ama de llaves de su familia.

Hacia la época en que le enfocamos se habían recrudecido en nuestro héroe el asco a la vida y el despego a la sociedad. Descuidaba la clientela y el trato de los amigos, que le veían de higos a brevas, y pasaba su tiempo enfrascado en la lectura de obras cuya tonalidad melancólica casaba bien con el timbre sentimental de su espíritu. Agrada saber al desdichado que no estrenó la desdicha y que su menguado concepto del mundo y de la vida halló también asilo en cabezas fuertes y cultivadas. Compréndese bien por qué Juan se solazaba y entretenía en la lectura de Schopenhauer y Hartmann, del antipático y vesánico Nieztsche y del adusto y profundo Gracián. Y el orgullo de coincidir con la opinión de tan calificados varones prodújole, a ráfagas, algún consuelo, a cuyo fugitivo calor sentía deshelarse parcialmente el lago glacial de su voluntad y aliviarse un tanto su dolorosa laxitud de espíritu y de cuerpo.

El pesimista corregido (1905), de Santiago Ramón y Cajal (Petilla de Aragón, Navarra, 1852 - Madrid, 1934).

6 comentarios:

Okr dijo...

Así comienza este cuento de Ramón y Cajal, publicado en su obra "Cuentos de Vacaciones".

No es que su faceta de escritor merezca demasiado ser recordada, pero me ha dado, inspirado por aquella aportación de Paco (creo que fue de Le Corbusier), por buscar autores que no destacaron precisamente por sus dotes literarias, aunque algunos las tuvieran. Este es el caso de Ramón y Cajal, y si sale alguno más, os lo plantaré sobre una toalla en estas gélidas playicas.

M. De La Tour dijo...

Ahh, uhm, excelente, excelente, uhm. Já. Una gran idea. Habría que obligar, sí, obligar, a los que destacan en los pasatiempos de la vida, como Herr Santiago en la ciencia, a escribir literatura.

Saldría de ahí una visión limpia, diferente verdaderamente, du petit monde.

Como aquí nuestro querido Don Ramón. Llamar vesánico a Nieztsche, ¿cómo no con su bigote de morsa, o adusto a Gracián, que no sé quién es porque desconozco la literatura de este delicioso su país (y por eccidente el mío).

Signore OKR, espero sea usted de buena disposición hacia el cumplimiento de la palabra y traiga a estas poco transitadas playas, de negras arenas bajo el blanco hielo, lo que da una excelente tonalidad... pero me estoy alejando del motivo de...

En fin, de aquellos tiempos de las amas de llaves, de los tiempos de verdad, pocos quedamos que los tengamos en la memoria como un recuerdo real.

Felicidades al Señor OKR por la acertada perspectiva. Me contará entre sus más fervientes lectores.

nán dijo...

A Igor no le va a gustar nada esa aparición. De hecho ni ha aparecido, como acostumbra).

A mí me parece una gran idea. Muy atractiva. Pero debería tener una continuidad suficiente.

Okr dijo...

Se intentará (y por supuesto el resto de playeros podrá seguir mis arrastrados y perezosos pasos... jejeje: uno para todos y tal y yo me pido Aramis).

Porthos dijo...

Aramis era un poco torpedo. ¿Prefieres al cocker spaniel de los dibujos o al curángano del Irons?

En fin, todos tenemos nuestros favoritos. Siryu el Caballero del Dragón, Tianshan, o Dhalsim en SF. :D

Saluditos!

Miguel Marqués dijo...

Pues sí pues sí, me ha molado mucho la idea. Habrá que rebuscar a ver si sacamos algún bombero torero o comisario de policía que escriba versos a escondidas. :D