27 mayo 2008

¿Son los niños los mejores críticos literarios?

Los niños son los mejores lectores de auténtica literatura. Los mayores se encandilan con los grandes nombres, las citas exageradas o la gran presión de la publicidad. Los críticos, que están más preocupados por la sociología que por la literatura, han convencido a millones de personas de que si una novela no intenta desencadenar una revolución social no tiene valor. Cientos de profesores, que escriben comentarios sobre escritores, tratan de inculcar a sus alumnos que únicamente aquellos autores que necesitan comentarios rebuscados e innumerables notas a pie de página son los auténticos genios creadores de nuestro tiempo.

Pero los niños no sucumben ante opiniones de este tipo. Todavía les gusta la claridad, la lógica y hasta aspectos tan obsoletos como la puntuación. Más aún, el joven lector pide una historia real, con un principio, un desarrollo y un final, siguiendo el estilo de las narraciones que se han venido contando a lo largo de miles de años.

[...] Desde que comencé a escribir para niños, he conversado con muchos de ellos, les he leído cuentos (aunque mi pronunciación esté lejos de ser perfecta) y respondido a cientos de preguntas. Siempre me sorprende que, llegado el momento de hacer preguntas, los niños tienen la misma curiosidad que los adultos: ¿De dónde saca la idea de un libro? ¿Es inventado o de la vida real? ¿Cuánto tarda en escribir un libro? ¿Utiliza los cuentos que le contaron su madre y su padre?

Por muy pequeños que sean, los niños se sienten profundamente preocupados por las llamadas preguntas eternas: ¿Quién creó el mundo? ¿Quién hizo la tierra, el cielo, las personas, los animales? Los niños no pueden imaginarse ni el comienzo ni el fin del tiempo y del espacio. De niño hacía las mismas preguntas que más tarde encontré analizadas en las obras de Platón, Aristóteles, Spinoza, Leibniz, Hume, Kant y Schopenhauer. Los niños piensan y reflexionan sobre temas como la justicia, el sentido de la vida, la razón del sufrimiento. A menudo encuentran difícil estar en paz con la idea de que se sacrifiquen animales para que el hombre se los coma. La muerte los asombra y asusta. No pueden aceptar el hecho de que los fuertes se impongan a los débiles. [...]


Isaac Bashevis Singer
(Radzymin, Polonia; 1904 - Miami, EE.UU.; 1991)

Extraído del texto ¿Son los niños los mejores críticos literarios?, en Cuentos Judíos.

(Traducción de Andrea Morales)

4 comentarios:

Kika... dijo...

Yo soy muy cuentacuentos, e incluso muy cuentista. Me gustan mucho los Cuentos Judíos de Bashevis Singer, porque son sencillos, humanos y tiernos.

Este texto se editó al final de todos esos cuentos.

Isaac Bashevis Singer escogió el yiddish como lengua literaria. Decía: Escribo en yiddish, primero, porque me gusta escribir cuentos de fantasmas y nada mejor para ello que una lengua moribunda. Cuanto más muerta la lengua, más vivo el fantasma.

Desde finales de los años treinta vivió en los Estados Unidos.

Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1978.

Y los niños, ya se sabe, siempre preguntan acerca de lo importante. Quien haya contado cuentos, lo sabe.

Espero que os guste.

Besos y magia,
K

Magapola dijo...

Nunca hay que perder de vista la capacidad de sorpresa de los niños. Es fascinante.

NáN dijo...

Creo que IBS juega en este trozo al meter en el mismo paquete demasiadas cosas. En el fondo, recorre el texto un canto a la capacidad de sorpresa e interés de los niños. (casi) Todos estamos de acuerdo.

Pero en el mismo paquete hace una ecuación de complejidad = petulancia con la que no puedo estar de acuerdo. Los niños no suelen ser petulantes, por supuesto. Pero el mundo adulto no tiene por qué serlo.

En ese sentido, Kika, has puesto un extracto estupendo para la reflexión... que ¡ay! no se hace porque las playas parecen un poco congeladas.

(No importa: tú has hecho bien la tarea).

Kika... dijo...

A mí me ha dado en qué pensar el textito este...

Por una parte, me fascina que igual que los grandes problemas de la Humanidad siguen siendo los mismos (¿qué somos? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? y todo eso), las preguntas de los niños siguen siendo las mismas. Y ¿hay soluciones para esos problemas? ¿O lo que dijeron Siddharta Gautama, Jesucristo, Zoroastro o Mahoma, por ejemplo, sigue siendo válido?

Y por otra, el principio del texto, claro. La vanidad del escritor, el marketing, la petulancia (justamente eso)...

En fin, que a mí me ha hecho reflexionar, pero es que yo siempre estoy un poco descongelada...

besitos,
K