05 agosto 2008

Ejercicio de Mendicidad

Nos ponemos ropa sucia y desgarrada, nos quitamos los zapatos, nos ensuciamos la cara y las manos. Vamos a la calle. Nos quedamos quietos y esperamos.
Cuando pasa algún oficial extranjero ante nosotros, levantamos el brazo derecho para saludar y tendemos la mano izquierda. A menudo, el oficial pasa sin detenerse, sin vernos, sin mirarnos.
Al final uno de los oficiales se para. Dice algo en un idioma que no entendemos. Nos hace preguntas. No le respondemos, nos quedamos inmóviles, con un brazo levantado y el otro tendido hacia delante. Entonces se resbusca en los bolsillos, pone una moneda y un trozo de chocolate en nuestras palmas sucias y se va, meneando la cabeza.
Continuamos esperando.
Pasa una mujer. Tendemos la mano. Ella dice:
-Pobres pequeños. No tengo nada que daros.
Nos acaricia el pelo.
Nosotros decimos:
-Gracias.
Otra mujer nos da dos manzanas, otra unas galletas.
Pasa una mujer. Tendemos la mano, ella se detiene y dice:
-¿No os da vergüenza mendigar? Venid a mi casa, tengo trabajos fáciles para vosotros. Cortar la leña, por ejemplo, o restregar la azotea. Sois bastante mayores y fuertes para eso. Después, si trabajáis bien, os daré sopa y pan.
Nosotros contestamos:
-No queremos trabajar para usted, señora. No nos apetece comer su sopa ni su pan. No tenemos hambre.
Ella pregunta:
-¿Y entonces por qué mendigáis?
-Para saber qué se siente y para observar la reacción de las personas.
Ella grita, al irse:
-Golfillos asquerosos! Qué impertinentes!

Al volver a casa, tiramos en la hierba alta que bordea la carretera las manzanas, las galletas, el chocolate y las monedas.
La caricia en el pelo es imposible tirarla


Agota Kristof nació en Csikvand, Hungría 1935
Este capítulo pertenece a El gran cuaderno 1987

8 comentarios:

Paralelo 49 dijo...

Hace algún tiempo por recomendación de un amigo leí Claus y Lucas. El libro comprende El gran cuaderno, La prueba y La tercera mentira.
Me fascinó la forma de escribir de Agota Kristof, especialmente El Gran cuaderno

NáN dijo...

Esa misma fascinación siento yo con lo que has puesto. Y también el deseo de saber cómo son esos niños, qué edad tienen, por qué hacen lo que hacen. Por qué son unos monstruos.

Las Playas es el mejor modo de salivar que conozco.

Terminar leyendo lo que me hace salivar es la forma de contrarrestar el fenómeno.

Paralelo 49 dijo...

Nán, no te lo pierdas por favor. Es imprescindible. Luego ven, y cuentame al oído ese estruendo.

Kika... dijo...

Yo también quiero escuchar un poco de ese estruendo!

(me ha gustado mucho, me intriga, me desasosiega...)

besos,
K

Paralelo 49 dijo...

Es esa mezcla, Kika, lo que lo hace tan interesante.
Me alegra que te haya gustado, no te lo pierdas tú tampoco!

Saludos

trilceunlugar dijo...

mi libro preferido de este año, que grande Agota!

NáN dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lui Lu dijo...

Yo lo he leído por una especie de recomendación vuestra que debió de quedárseme grabada en la retina y se iluminó en no sé qué momento, haciendo no sé qué cosa, unas horas después de haberme comprado el libro, ¿de qué me sonará?, en una librería de Sevilla cuando iba, precisamente, buscando otro.

Me ha gustado. Me parece genial la decisión editorial de publicar los tres en un único volumen. Las contradicciones, esas aparentemente faltas de racord que sin embargo no te hacen abandonar el texto quizás porque ha sido escrito a cuchilladas y es imposible abandonar una pelea una vez que ha empezado a salir sangre, y que, como decía con lo de aparentemente, quedan todas resueltas y justificadas en La tercera mentira.

No estoy de acuerdo, sin embargo, con lo que dice la faja amarilla sobre la novela: "el mundo visto por los ojos de un niño malo" o algo así. No son monstruos. Eso es puro anzuelo que afortunadamente no tiene nada que ver con la riqueza que uno encuentra luego en el interior.

Y nada más. Que dijo Nán que a ver cuándo comentaba algo sobre Claus y Lucas. A ver si por fin se anima y se lo lee.

Saludos a todos