16 diciembre 2007

Una a Una

Quita las medias una a una de las piernas de María,
sus ojos hurgan en su carne.
Son los ojos de la carne. Los ojos del espíritu están cerrados.
Si no estuvieran cerrados vería en María no el encanto
de una feminidad tardía, sino su imagen
llegando a la vejez, un higo seco y arrugado. Si abriera
los ojos del espíritu se apagaría el deseo de la carne.
Su pasión se convertiría en cenizas.


Se puede decir también así: trepa por un tortuoso sendero
de montaña, entre dos abismos. Su mirada está alerta
y despierta pero los ojos del espíritu están cerrados.
Si los abriera sólo un instante, sentiría vértigo y se caería.

Todo esto es viejo y conocido: los ojos de la carne desean,
el ojo del espíritu se consume, el que está aquí
eres tú sin tí y el que no está no está, y entonces
¿para qué amar a una mujer? ¿Para qué cruzar abismos?


El mismo mar

Amos Oz
Jerusalén, 1939

[Traducción de Raquel García Lozano]

10 comentarios:

AROA dijo...

Tenía ese libro desde hace muchísimo. Hace poco lo abrí y no pude dejar de leer. Pero a sorbitos. Son muchos capítulos, de una página más o menos, donde Oz cuenta una historia desde todas las voces que en ella participan. Algunas capítulos en prosa, otros en verso. Y funcionando todo el rato. Por eso, me gustó tanto, por el invento nuevo para mí.

Miguel Marqués dijo...

Debe ser difícil difícil, supongo, o lo mosqueante, saber distinguir dónde está cada ojo y cuál estamos abriendo en cada momento. Quizá tapándose uno de ellos todo el rato con la mano o con un parche de pirata para poder discernir si el que nos queda libre es más espiritual o más mundano. El caso es no dejar de enamorarse ni de enfilar abismos.

Qué buena idea, y además, funcionando !

Por cierto, ¿quién traduce?

Un saludo!

AROA dijo...

Traducción del hebreo de Raquel García Lozano.

(si falta alguna coma, punto, espacio, respiración ... más pienso yo que es culpa de la que copia...)

Yo es que tengo un ojo vago... Entonces si me lo tapo, me desoriento.

Kika... dijo...

Me ha encantado.

Besos,
K

vega dijo...

oye Aroa, me interesa muchísimo ese libro, me lo prestarías???

NáN dijo...

Vengo, lo leo y me doy cuenta de que no entiendo a este señor. Es decir, no sé si piensa así o se está tirando el moco, cuando parece cambiar los papeles a la carne y el espíritu.

Seguiré volviendo

AROA dijo...

Vega, ¡pues claro! Cuando gustes, aquí está.

Nán...
pues igual se está tirando el moco pero... ¿para qué?
Metido en una historia y en la voz de un personaje puede tener su sentido.
Sobre la carne y el espíritu pues... como dice Miguel, es muy mosqueante saber cuál es cuál, y si existen dos.
Yo tengo un ojo vago... (recibo una imagen más proporcionada de las cosas con uno de los dos cerrado) No sé, supongo que cuando la realidad completa no nos gusta o aparece deforme, o 'arrugada y seca', preferimos ver sólo uno de las dos caras. La visión completa nos hace perder el equilibrio.
(mmm... le doy a publicar o me trato de entender... )

lucideces dijo...

interesante vuestra página... un saludo...

NáN dijo...

Me he decidido. Para mí la carne es el espíritu. Los muslos de ellas, los hombros de ellos, la brisa en el bosque. Un millón de etecés.

La carne, humana, animal no humana, vegetal, geológica, es la conexión del espíritu. En presencia o en recuerdo.

Lo que me reventaba era ese crescendo hasta el "¿Para qué cruzar abismos?".

Para esta juntos un ratito, bobo.

AROA dijo...

(y porque se desarrolla el capítulo en la sierra tibetana, que quieras que no tiene abismos con significado abrupto... hablando de formaciones geomórficas.... geológicas... geográficas... físicas..)