11 diciembre 2006



Fragmento de El desencanto (1976), de Jaime Chávarri (Madrid, 1943), devastador documental sobre la vida, obra y decadencia de la saga Panero.

7 comentarios:

Lara dijo...

La vería otra vez y otra vez y otra vez, como la vi una vez y otra, repetida e insomne y absurdamente encaprichada de Michi.

¡Qué cortito se me ha hecho el fragmento!

Gracias, Miguel.

nán dijo...

¡Un verdadero éxito de las playas! Éxito técnico, que pongáis fragmentos multimedia.
Pero sobre todo de la selección.

Y esta bien que de tanto fracaso salga un éxito.

(Aunque para mí no hubo fracaso, excelentes poetas el mayor y el menor, no he leído a Michi, Leopoldo es el niño de mi devoción... lejos, muy lejos de esa máscara de malditismo de la que vive o muere).

Tantas reflexiones me produce esta película y esta historia y estos escritores que, como en el caso de la historia de mi perro, prefiero callar.

Gracias también, Miguel.

Lara dijo...

No, si yo tampoco he leído a Michi (de hecho no sabía que escribía ¿?). A quien leía era a Leopoldo, claro, pero con Michi me quedaba embobada en la película (una y otra vez), era un asunto mucho más material que literario. Bueno, teniendo en cuenta lo "material" de los Panero...

Pablo dijo...

Cierto. Excelentes poetas de frito cerebro, Michi encantador en lo suyo... pero, ¿sólo yo considero que a los padres habría que ahorcarlos en una plaza pública? A la madre especialmente, por su turbadora influencia. Y al padre, por otros decires. Durante toda la película recuerdo que tuve la sensación de estar viendo una de terror. Y que agradecí, después, la vulgaridad en la que me educaron los míos.
No sé por qué me ha salido hoy el lerdo moralista que hay en mí. Ustedes me disculpan, tengo un mal día, se me revolvió el almuerzo con los pinochetistas (¿fabricantes de marionetas de madera?). A cambio de este desconsiderado aterrizaje en el mundo, uno de Celaya, un poco más sanote que los citados:

Todas las mañanas, cuando leo el periódico
me asomo a mi agujero pequeñito.
Fuera suena el mundo, sus números, su prisa,
sus furias que dan a una su zumba y su lamento.

Y escucho. No lo entiendo.
Los hombres amarillos, los negros o los blancos,
la Bolsa, las escuadras, los partidos, la guerra:
largas filas de hombres cayendo de uno en uno.
Los cuento. No lo entiendo.
Levantan sus banderas, sus sonrisas, sus dientes,
y una belleza ofrece su sexo a la violencia.
sus tanques, su avaricia, sus cálculos, sus vientres
Lo veo. No lo creo.
Yo tengo mi agujero oscuro y calentito,
Si miro hacia lo alto, veo un poco de cielo.
Puedo dormir, comer, soñar con Dios, rascarme.
El resto no lo entiendo.

NáN dijo...

Yo entraría al trapo, Pablo, pero como soy cicloteamic (que a veces hago equipo con unos y otras contra unos) o ciclotímico (que unas veces timo a unos y otras no los estafo) pues no vaya a ser que...

Ahora bien, el tema es interesante, viene de lejísimos y no renuncio a ninguno de esos poetas, como no renuncio a los guisantes y en su momento al helado de pistacho, pero la poesía que de verdad me transforma (incluso en lobo-subhombre) viene más por el lado de los panero hijos (el padre que se pudra en su pudridero, la madre ya la hubiera querido yo de tía, tan señora y tan egoísta y mala sin parecerlo, que te jode la vida para siempre y te quedas tan contento: o sea, una madre de las de verdad). Y de ellos mi héroe nacional es leopoldo el loco, tan cercano a mí y uno de los mejores poetas que conozco.

Ya te digo que entraría al trapo, pero no voy a entrar.

¡Tantos besos a todos...! (me voy al zen, que es martes, para ser más bueno todavía)

Lara dijo...

Yo estoy derrotada y llevo un par de días sin pasar por aquí que me parecen años, pero:

Pablo, el año pasado, en el taller en el Dellwood, nos dio por llevar la tele de mi casa (Rebeca compró un toro de los españoles disecado y una bailarina flamenca hierática y los pusimos encima de la ¿siemprencendida?) al bar y les plantamos esta película (la tele nunca ha vuelto a mi casa). La discusión que siguió después nos dio para una de las sesiones más violentas de la historia del taller. No hablamos de los Panero, hablamos de sus padres, claro. Yo era de las del bando de ahorcar a la madre, por seguidora cómoda y fanática del padre, entre otras cosas.

Muchos besos a todos, a todos.

nán dijo...

no soy nada ajeno a los chismes, pero en esta historia tengo el interés en el componente del valor literario muy por encima de los otros intereses.
Evidentemente, hablo de mí y de mi interés.

Y me gustaría que se recondujese por ahí. No pasa nada, claro, si lo que a mí me gustaría no se desarrolla aquí o ahora.