20 octubre 2006

"El poeta del jardín"

Hace tiempo se me ocurrió
que tenía la obligación
como poeta consciente de lo que su trabajo debe ser,
poner un escritorio público
cobrando sólo el papel.
La idea no me dejaba dormir,
así que me instalé en el jardín del Santuario.

Sólo he tenido un cliente,
fue un hombre al que ojalá haya ayudado
a encontrar una solución mejor que el suicidio.
Tímido me dijo de golpe:
"señor poeta, haga un poema de un triste pendejo".
Su amargura me hizo hacer gestos.
Escribí:
"no hay tristes que sean pendejos"
y nos fuimos a emborrachar.


- Ricardo Castillo, (Guadalajara, Méx., 1954 --el mismo año en que nació mi padre).

3 comentarios:

Miguel Marqués dijo...

Diablo, Gerardo. Qué sensibilidad tan particular, qué grunge entristecido, algo nihilista, muy vitalista, 40 años más joven que los propios grunges.

Mira lo que encontré rebuscando:

AUTOGOL

Nací en Guadalajara.
Mis primeros padres fueron Mamá Lupe y Papá Guille.
Crecí como un trébol de jardín,
como moneda de cinco centavos, como tortilla.
Crecí con la realidad desmentida en los riñones,
con cursilerías en el camarote del amor.
Mi mamá lloraba en los resquicios
con el encabronamiento a oscuras, con la violencia a tientas.
Mi papá se moría mirándome a los ojos,
muriéndose en la cama lenta de los años,
exigiéndole a la vida.
Y luego la ceguez de mi abuelo, los hermanos,
el desamparo sexual de mis primas,
el barrio en sombras
y luego yo, tan mirón, tan melodramático.
Jamás he servido para nada.
No he hecho sino cronometrar el aniquilamiento.
Como alguien me lo dijo una vez:
Valgo Madre.

nán dijo...

No sabe uno qué preferir de lo que escriben sus amigos cuando te atrae un texto, si que sea suyo lo escrito o que no haya sido suya esa vida.

Por otra parte, me da como risa pensar que cuando nació tu padre yo ya había tomado la primera decisión política de mi vida: entrar en la banda de los cartagineses contra la de los romanos. Y allí, hasta que unos y otros fuimos arrasados, dos años después, por los cristianos ensotanados, Cartago, os lo juro, se mantuvo en pie. Posiblemente fue la última victoria de mi vida.

Gerardo dijo...

Gracias, Miguel y Nán!

Les dejo con un poema dominguero, igual de Ricardo Castillo:

"Las Nalgas"

La mujer también tiene el trasero dividido en dos.
Pero es indudable que las nalgas de una mujer
son incomparablemente mejores que las de un hombre,
tiene más vida, más alegría, son pura imaginación;
son más importantes que el sol y dios juntos,
son un artículo de primera necesidad que no afecta la
inflación,
un pastel de cumpleaños en tu cumpleaños,
una bendición de la naturaleza,
el origen de la poesía y del escándalo.