23 octubre 2006

¿Qué se ama cuando se ama?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en particulas fugaces de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.


Gonzalo Rojas, (Lebu, Chile, 1917). Contra la muerte (1964)

15 comentarios:

Lara dijo...

Joder.

Reb dijo...

Qué bueno

Okr dijo...

Bueno sí, peeeero...

1. Eso de somos uno, tonterías. Somos dos, y juntos somos dos, que para ser uno ya me basto yo solo.

2. Sí se puede estar con trescientas mujeres, pero sale caro.

3. ¿Condenado? Uno se condena a una si quiere, no te condena nadie, cobarde, acusica, y si lo considera condena, mal vamos, que lo del amor como condena está muy visto...

4. Ah, y que no le pregunte a Dios, que ese de estas cosas terrenales no entiende, le quedan grandes (Él es como una estrella de mar, se corta un trozo y sale otro... nada de amor ni nada parecido).

He dicho.

Okr dijo...

No entiendo nada de poesía, me queda bastante lejos, pero ¿quién no se ha sentido así alguna vez? Este poema es de los que podrán ser leídos dentro de doscientos años sin perder el sentido (habrá que cambiar, eso sí, Dios por Ente Matemático 1.0 o algo así).

Miguel Marqués dijo...

La verdad es que se destila una cierta ñoñez en ciertos puntos del poema. La descripción de los sexos es un poco empalagosa quizá, pero es eficaz y fuerte. La idea sufí del panteísmo romántico siempre me ha llamado la atención, incluso fascinado. El poema está publicado en 1964 y Gonzalo Rojas era un izquierdista reconocido: hay que entender a Dios de un modo particular (aunque la sumisión a un ente mayor posible está presente). Lo de la condena no hace más que reconocer la promiscuidad (no sólo física sino también emocional) natural y la tendencia al monoamor posesivo (igual de natural), de una manera que encontré muy rítmica, potente y dramática. Así lo viví yo. Así me lo aprendí yo.

nán dijo...

No había querido intervenir, porque juzgué bastante negativamente el poema y no me gusta ser negativo "en vano", pero ya que tú levantas la liebre, te doy la razón en que sí, en que es ñoño y empalagoso (además de "macho", lo que podría justificarse por la fecha en que se escribió, pero la justificación no se extiende a la lectura).
Pero lo que me resulta poco soportable es la llamada a Dios no como ese ser o ente al que nos referimos cuando no nos queremos referir a nada, sino muy enfáticamente. Ese dios, castrante, se le metió en el poema y le metió un gol de los grandes. ¡Hasta la promiscuidad parece un deseo de los varones!

Miguel Marqués dijo...

Antes de nada, esto no es justificación sino comparecencia ante los medios, a fin de dar a conocer lo que me lleva a opinar, decir o pensar ciertas cosas. Vamos, para que nos conozcamos un poco más íntimamente, con el estilo de Clemente, lo certero de Valdano y lo conciliador de Rijkaard.

El empalague lo asumo. Es un poema que leí hace años, suelto, no sé donde y que me emocionó. Ahora, calmas las efusividades postadolescentes, me luce dulzón y algo fácil (aunque sólido) en sus símiles (y planteamientos).

En esa época mi espiritualidad andaba bajo tierra. Aún busco un lugar para su cadáver, aún indago si merece la pena buscarlo.(En momentos así pienso en George Harrison y en Ben Harper (por ejemplo) y en la de pelas y buen rollo que se han llevado espiritualizándose).

No sé realmente de qué dios habla Gonzalo Rojas, pero el dios que yo entiendo en su poema fue, en otro tiempo, el 'pantheios' sufí (el panadero que amasa el alma del universo y la demigaja en trozos de pan que viajan por el mundo para terminar volviendo algún momento a unirse entre sí) (del sufismo no sé mucho más aparte de esta simpática caricatura cósmica).

Ahora, releyendo este poema que he recordado, no pienso tanto en ese panteísmo tan romántico, pero tampoco en el dios de los libros de religión a los que muchos tuvimos alguna vez miedo.

Ahora pienso más bien en aquello que nos hace ser como somos, promiscuos, volubles, inseguros y a la vez sinceramente posesivos del objeto amado. Ése, creo, es el pequeño dios al que el poeta se subyuga. ¿Naturaleza humana?, ¿el amor es así?, ¿joder qué putada?. Cualquier intepretación vale, pero al quedar fuera del control humano, este condicionante se concibe bien como azar incontrolable bien como voluntad o consecuencia de un ente ignoto (no por eso más amplio, ni más sabio, ni mucho menos juez de nuestros actos), que el poeta aquí llama dios.

No quiero meter judeocristianismo ni idolatrías metafísicas en este poema, ni en ningún otro.

Pero, como dice Joaquín (que sí lo hace, y de puta madre):

"Propongo corromper al puritano,
espiar en la ducha a las vecinas,
ir a quitarle al dios de los cristianos
su corona de espinas, su corona de espinas"

Miguel Marqués dijo...

Perdón por la parrafada...

Lara dijo...

Los que bien me conocen (o casi bien, todavía) saben que yo ante esto sólo gritaría un grito de hiena ronca y me encendería un cigarro aliñado para calmarme.
Algo así en plan: pa-so-de-es-to.
Hablar una y otra vez de algo tan tan tan. Enciendo el cigarro, pues.
No sé por qué contesto, pero aquí estoy.
PERSONALMENTE, no me parece nada simpático ser una migaja de pan moldeada por un gran panadero. Tampoco cuando era adolescente. Como he dicho hace un rato, infantiloidemente, en una conversación de msn, los que no creemos en dios (ni en panaderos enormes ni en ese tipo de cosas), no hacemos-hago distinciones, es más bien un no y punto; judeocristianismos aparte, que eso lo sufrimos todos (sufrimos, no sufíi-loquesea) y es otro cantar social.
PERSONALMENTE, yo pasé de pagar la cuota a no pagarla, así, de repente, sin fisuras. Debo de ser lo suficientemente perezosa en aspectos de clubs espirituales, y preferí no quedarme colgando de ningún hilo.
En mi modesta opinión (y ya que hablo de mi postura personal), está bien citar a Sabina, para lo que sea, pero no me hace tilín la guinda joaquiniana en este caso tan ambiguo (ambigua la parrafada), porque intuyo (sólo intuyo) que él pasa olímpicamente de los panaderos y tiene una postura bastante clara y coherente (por las veces en que la afianza) al respecto.
Y, ya rondando lo personal e intrasferible, en la línea en la que me he lanzado brevemente: amor, no tienes que justificar nada, y ¿sé? que no lo haces, pero sigue pareciendo una justificación.
Es lo que tienen los puntos medios.

Miguel Marqués dijo...

Cito a Sabina pero, por Dios, ni se me ocurre imaginar que pueda compartir ni uno sólo de mis argumentos.

Reb dijo...

Ya. Cuando leí el poema me fijé más en lo que decía sobre la mujer. Yo tomo la figura de Dios en el poema como el sujeto poético. Dios es el que todo lo sabe y el poema hace preguntas retóricas constantemente sobre la vida y el amor. Quiere razonar el hecho de que le gustan todas las mujeres (algo supuestamente incorrecto). Y lo hace mediante la figura de Dios: si todas proceden de él, yo puedo amarlas a todas. Algo así entendí yo.

nán dijo...

En un lugar como este (se le llama sitio Web, ¿pero es un sitio?) caben varias posiciones. (1) La del que aspira a plaza de ayudante del subprefecto en la lejana provincia de K y, dentro del taller práctico de Cabrón Redomado, se mete a joder y fastidiar donde puede: no fue nunca ese mi estilo. (2) La del que hace como que vive de lejos, en plan Colegio Mayor: para eso no tengo tiempo; tiempo es lo que menos me queda, aunque nadie debe dar nunca por supuesto tener más: viví un tiempo cerca de la puerta de Tanhäuser y vi cosas que ponen los pelos de punta. (3) La de quien quiere mejorar, humanamente. Entre vosotros he encontrado ganas e interés (tan necesarios, y algunos de ellos bien que los he explicitado) y cosas tan tiernas que como lágrimas han disuelto duros depósitos calcáreos (hay por ahí una deriva que me preocupa). (Gracias a todos los implicados). (4) La de quien quiere mejorar en su percepción de la literatura y que le den textos a conocer: de eso iba LPDS, ¿no?

Pues en esas mejoras de 3 y de 4, que es lo que me interesa, se puede no decir nada cuando se cuelga un poema malo (muy malo), y saltar cuando el que lo cuelga abre el portón, reconociéndolo, afirmando más o menos lo que yo dije después y que el colgador amplió al calificar ese gusto casi como la consecuencia de una "revuelta hormonal juvenil". O se puede saltar a la primera, ya no prometo nada.

Está bien crear polémicas con eso, pero tampoco va más allá... si es cierto que estamos para mejorar y aprender, los unos de los otros, mientras quede tiempo.

Solo añadir que hay justificaciones malas (las que aprendimos de niño cuando nos excusábamos frotando, nerviosos, el empeine de un zapato contra la parte inferior de la otra pantorrilla, mientras tratábamos de explicar lo inexplicable) y justificaciones buenas, como las de los márgenes de las páginas y las que explican cómo fueron las cosas. En este sentido, Miguel se justifica, sí: pero es una justificación de las buenas: excelente, diría yo.

Y una posdata: no como "cabrón redomado", ni como arpía irredimible (bueno, esto un poco sí), abro la veda del pim-pam-pum: por un céntimo tres pelotas a lanzar contra los malos poemas y los malos versos, para no dejar títere sin cabeza: depuremos hasta llegar a lo que nos conviene precisamente ahora. Y en este sentido, con el azúcar por las nubes y casi sin insulina a manos, afirmo que el verso "me gustas cuando callas porque estás como ausente" es de un "morro" de primera categoría que no hay gitano que se lo salte (y es que "ya no hay gitanos que vayan por el monte solos"). En realidad lo que está diciendo es: "me gusta cuando callas porque así yo puedo estar como ausente, en mis cosas, que son mucho más interesantes que tú". Ale, me pongo en pim-pam-pum para que sus mercedes me lancen bolas (recuerden, solo 3 por individuo acreditado).

Miguel Marqués dijo...

Reclamo no obstante el derecho a publicar poemas malos, siquiera para compartir sus defectos.

La literatura creo yo que es, además, independiente del objeto del que habla. Se puede hacer literatura sublime sobre temas insípidos, manidos, ofensivos, polémicos, y viceversa (aupa el asutirano Pedro Grullo).

Desde Omar Khayyam y Santa Teresa de Jesús a Nicanor Parra y las letras de Manolo Kabezabolo y Mamá Ladilla. Creo que todo cabe aquí y ya lo dije claro: yo no me estaba justificando sino que explicaba que no tengo una visión del dios del poema de G.R. como dios judeocristiano, el cual me trae al pairo en este caso (como a Nán o a Lara), ni siquiera como dios-ente superior.

Pero vamos, prefiero el clásico y manido "a mí no me gusta" que el envolvente y socorrido "este poema es muy malo". Prefiero decir que un verso es de una caradura sin parangón (me he partido de risa con la crítica del "me gusta porque callas...") que no que es malo por fácil o empalagoso, o por tener una palabra de 4 letras que es 'dios' y que tiene setecientas treinta y cuatro connotaciones y lecturas.

nán dijo...

Yo te doy ese derecho. ¿Alguna vez te he negado un capricho? Ahora bien, diciendo por qué, yo quiero decir que es malo cuando me parezca malo.

En realidad, uso cinco clasificaciones (y no es broma):
Puagh
Me gusta
Me interesa
Me gusta e interesa
Me emociona

Pues bien, las dos primeras no las quiero: no veo cine, leo libros, miro cuadros, paseo perros, etc. que me parezcan "puagh" o "me gusta". A partir de ahí el crescendo (y soy muy agradecido al llegar al nivel 5).

¡Pero ¿me gusta?! ¡¡¡¿Qué es "me gusta?!!! ¿Así, por que sí?

Es el equivalente a lo que dicen las folklóricas. Solo saben decir eso. "Es muy bonito". Otras cambian a "Es mu bonito" y por fin están las de "Es mu gonito". ¿Por qué? Por que sí (porque "les gusta").

Tanartino dijo...

Nan, te cargas todas las polémicas.