29 octubre 2006


Jerry Luján, un niño con visera, camina, hoy martes, por la cuneta de la calle Menaul. Son las cinco de la tarde y se le ha hecho de noche. Y es que en Albuquerque anochece así, de sopetón, como si alguien hubiese dado un puñetazo sobre el mantel. Jerry Luján remolonea con las manos en los bolsillos de su chompa. Estamos en el país de las trocas y los mofles. A esa misma hora, en el centro de Burque, la Main Library se va escorando lentamente, como una bestia adormecida, preparándose para cerrar.

[...]

La niña más joven desaparece unos minutos dentro de la casa. Luego regresa con un galón de cerveza que ambas van saboreando poco a poco. El jardín está ya en penumbra pero ninguna de las dos hace ademán de encender las luces. ¿Para qué? No lo dicen pero se sienten libres. El padre aún no ha vuelto del trabajo y es posible que no regrese hasta las ocho. En la casa de al lado, separada tan solo por una exigua verja metálica, se oye el lloriqueo de un bebé y el grito de un hombre borracho en una lengua extraña, quizás ruso.

[...]

También Jerry y De’Anza habían llegado a su destino. Era difícil guiarse en medio de la oscuridad. Aunque el tráfico parecía bramar no muy lejos, las luces de los coches no alcanzaban a iluminar aquel baldío. Jerry tropezó varias veces con trozos de cascote. Y llegaron a aquella caseta que parecía puntiaguda y triste y De’Anza le dijo «don’t be scared, vato». Entraron y De’Anza encendió una cerilla y luego otra. En el suelo había un zapato huérfano de hombre y un cartón de leche y una bosta de un animal desconocido.

[...]

Y Jennifer desplegó el papel trufado de faltas de ortografía y leyó con una sensación no lejana a la ternura aquel mensaje de su admirador desconocido que decía "Te amo, you crap, and I’ll kill you". Y después cerró los ojos y se dejó ir lentamente hacia su casa mientras a lo lejos también las montañas enrojecidas se inclinaban.


La noche sucks, de Blanca Riestra (La Coruña, 1970). Premio del primer certamen de relato de la revista "Ñ", de este año.

4 comentarios:

isobaras dijo...

¡Lo lei! A ratos parece una canción... Como un blues. Y en cada personaje un golpe de guitarra.

Belier Belcán dijo...

Un blues en una película de los hermanos Coen :D O la guitarra de Neil Young en Dead Man (la de Jim Jarmusch con Johnny Depp). ¿Ya lo conocías antes o quieres decir que lo has leído en El Mundo ahora?

nán dijo...

(perdón por llegar tarde)

UNA ENTRADA EXCELENTE, Miguel, por lo que presentas (tan nuevo y atractivo) y porque lo presentas desde ti, como debe ser. Me está rondando una entrada que me exigía una introducción (que no me apatecía). Que ahora ya no hace falta.

Ya estaba temiendo yo que acabáramos en esas playas heladas dejando caer textos de otros, con gafas de nieve, albornoz de Moschino (cada uno el que prefiera), mocos congelados como estalactitas cayendo de la nariz y acercándonos a un pingüino para jadearle un poema al cuello. Cuando lo que tenemos que hacer es crear entre nosotros la trama de lo personal, el por qué ese texto, o cómo lo entendimos, o quisimos. O sea, el yo detrás de lo que hacemos. O sea, el nosotros, los amigos (ya sé que vosotros lo sois y yo estoy lejos, pero la red da para eso). Ahora los pingüinos quedarán para lo que están (patearlos si es el emperador e invitarles a tomar té si es el pájaro bobo, aunque nos rompa las tazas del abuelo).

Gracias, Miguel, me ha encantado lo que colocas y lo que significa: los bañistas que pasean solos y también hablan entre ellos. Sé que otros lo estáis haciendo también. Pueden ser dos palabras o 20 párrafos, pero nos los decimos unos a otros.

¿No?

Las Playas de Siberia on behalf of Miguel Marqués dijo...

Un primer premio de un primer certamen de una revista literaria de nueva aparición y frescas intenciones, al parecer. Lo melancólico y lo descarnado de una ciudad y varias vidas en el Estados Unidos más latino, desde los ojos de una española (ajena a la realidad latina, pero ajena como es ajena una prima lejana en casa de su prima lejana: todo le suena extrañamente familiar). Al parecer también, Blanca Riestra trabaja en el Instituto Cervantes de Albuquerque, Nuevo México.

Yo he trabajado en el de Bruselas, pero también he enseñado español en EEUU, así que de algún modo, me he visto imaginando este relato (obviando mi precaria capacidad para ficcionar) en ese mismo inquietante atardecer del sudeste americano, aunque sea por creer conocer o ser mínimamente afín a lo que vive o ha vivido esta Blanca Riestra (obviando todo lo demás).

Quizá emocione más a los que conozcan lo cotidiano de EEUU, pero creo que la narración es tan atractiva que enganchará a cualquiera. No lo publico entero porque no sé si se puede (y si está bonito), pero el relato está en El Mundo: http://www.elmundo.es/elmundo/2006/09/20/cultura/1158765447.html